Esther Muñoz Corredor es “Bloguera por un día”

Soy Esther Muñoz Corredor, voy a la Asociación de Esclerosis Múltiple Madrid , al Centro de Sanjenjo 36 en Madrid. Os voy a contar mi experiencia con el submarinismo, ya son dos veces las que he hecho una salida de buceo y todo empezó cuando mi sobrina Andrea, las Navidades de 2015/2016, me regaló un bautismo de buceo para el verano de ese mismo año.

Pasé el tiempo pensando en ello, en lo divertido que podía ser, aunque también me daba miedo a veces y creía que no lo podría hacer. Eligió Cabo de Palos porque ella y su novio, Borja, que ya han buceado bastante, sabían que la zona es una reserva marina y, aprovechando, fueron a bucear al día siguiente. Andrea contactó con el centro de buceo Rivemar puesto que, tras investigar los centros de la zona, lo vio el más accesible de todos para el momento de meterme al agua. Allí me lo pusieron muy fácil:

  • Con el agua calentita ya que fue en septiembre, por lo que pude usar un traje de neopreno corto y de 3mm (manga corta y por encima de las rodillas, más fácil de poner que los usuales largos de 5mm)
  • El barco era un catamarán bastante grande, podría haber subido mi silla eléctrica aunque al final la dejé en tierra.
  • La inmersión la hice yo sola con el instructor, aunque Borja y Andrea pudieron acompañarme en el barco y, en el agua, seguirme por la superficie con las gafas y el tubo de snorkel haciéndome fotos. Bajé a una profundidad máxima de 6 metros (realmente, es lo permitido por los estándares de buceo para un bautismo) y me gustó mucho. Me asustaba no poder compensar la presión en los oídos al bajar, lo cual es impredecible para bucear, pero resultó ser muy fácil; para subir y bajar del barco tenían una plataforma elevadora automática de lo más cómoda; y, por supuesto, la confianza de llevar al instructor todo el rato al lado para controlar mi flotabilidad debajo del agua, es decir, hinchar o deshinchar el chaleco para hundirte más o menos

Este verano, Andrea y Borja han estado en el centro de buceo Les Basetes, en Calpe, en un intercambio de trabajo por cursos/formación y aprovechando, decidí ir otra vez a probar la experiencia. Esta vez fue diferente pero muy chulo también.

Para los bautismos, ellos utilizan la pequeña bahía de Les Basetes, la zona de baño está marcada por boyas para separarla del acceso de los catamaranes y tablas de padle surf, y tiene una profundidad máxima de 4 metros (aunque me comentaron que, en cualquier caso y al igual que para el anterior bautismo, no habríamos podido bajar a más 6 metros de haber sido posible).

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La entrada es a partir de unas escaleras de piedra con barandilla, tipo piscina, tras la cual empieza cubriendo por la cadera para poder terminar de ponerte el equipo ya en el agua. Entonces empiezas con unos ejercicios, aún de pie, con la cabeza metida en el mar y viendo lo fácil que es respirar con el regulador. Esta vez bucearon conmigo los dos, Borja y Andrea, además de Marina, su amiga instructora. Me dio la oportunidad de manejar yo sola el hinchado y deshinchado del jacket, y hundirme más o menos según quise. Me ha gustado tanto la experiencia, que he pensado el año que viene hacer otro “bautismo” esta vez nocturno, que me han dicho que por la noche se ven los peces de colores muy distintos y preciosos.

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Os animo a todos.

Un saludo.

Esther Muñoz Corredor

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Mi viaje a Berlín, por Julio Luis Vázquez

Julio Luis Vázquez no cuenta su experiencia de viaje a Berlín. “Todavía hay que avanzar mucho para que una persona discapacitada con movilidad reducida, pueda viajar en unas condiciones dignas y sin sorpresas.”

El pasado 8 de Julio, inicie un viaje de 7 días por Berlín (Alemania). La preparación del viaje empezó un poco caótica. Antes de comprar los billetes de avión en la compañía Ryanair,  revisé su página web y en las instrucciones para viajar de las personas con movilidad reducida pone que pueden viajar con silla de ruedas eléctrica, facturándola y con pilas secas.  Así pues, compramos los billetes y al día siguiente recibimos un e-mail diciendo que tenemos que contestar o llamar a un número de teléfono 902, diciendo las características de la silla, marca, modelo, peso, medidas, si las baterías eran de litio que no excediesen de 300 vatios, etc… Además, indicaban que solo podía llevar 1 batería. Mi silla lleva tres baterías de litio, cada una de 240 vatios, por lo que empieza el primer problema: No puedo viajar con ella puesto que un una sola batería no tengo suficiente autonomía para un día completo. Aun así, llamé al 902 para decirlo, pero después de un tiempo considerable de espera en un teléfono 902, me derivan a una telefonista francesa, y después de explicarle el problema, me indica lo mismo, que sólo puedo llevar una batería. Así pues tuve que viajar con mi silla manual, con el consiguiente trastorno para toda la familia.

Llega la hora de reservar los asientos, al ser una persona con movilidad reducida (PMR), la compañía me deja reservar asiento a mí y a mi acompañante (previo pago de la reserva), pero se reserva el derecho de reasignarme el asiento el día del vuelo. Obviamente no realizo la reserva del asiento y nos asignan a mi acompañante la fila 14 y a mí la fila 30, os podéis imaginar la indignación. Puestos en contacto telefónicamente con la compañía, nos asignan nuevos asientos en la fila 5 y juntos.

Dentro del avión, dependes mucho de la tripulación, y aun siendo la misma compañía, la experiencia fue distinta.

A la ida un pasotismo total, fui el último en entrar en el avión,  en la primera fila había una persona dormida con los pies estirados que me impedía ponerme de pie para acceder a mi asiento y toda la tripulación lo estaba viendo sin hacer absolutamente nada, (hecho que solucioné con uno de mis bastones). Al llegar a Berlín fui el último en abandonar la aeronave y cuál fue mi sorpresa cuando vienen a por mí dos personas que me sientan en una silla adaptada, me ponen un montón de cinturones y me bajan por la escalerilla suspendido uno delante y otro detrás, con el consiguiente peligro de resbalarse.

Julio Luis Vazquez Mi viaje a Berlin

La vuelta fue diferente, fui el primero en embarcar, en una plataforma elevadora, la tripulación con ganas de colaborar y en todo momento pendiente. A la llegada a Barajas cerca de las 12 de la noche, de nuevo problemas: la manga de embarque/desembarque no funciona, o eso es lo que nos dijeron,  con lo que todo el mundo tiene que bajar por las escalerillas del final del aparato. En el avión viajábamos dos PMR y se tardó un tiempo considerable en bajarnos del avión con la gran sorpresa que nuestras sillas las habían sacado con el resto del equipaje a las cintas del aeropuerto. Aquí creció nuestra preocupación por el trato que podían haber recibido nuestros “vehículos”, gracias a Dios las encontramos sanas y salvas.

Con respecto a Berlín, puedo decir que es una ciudad cargada de historia, (triste la mayoría), muy llana para ir con silla de ruedas pero los rebajes de acera apenas existen, (los tienen mejores los carriles bici), y las aceras muchas de ellas son adoquinadas, con el consiguiente traqueteo para el usuario de una silla de ruedas.

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Pero bueno merece la pena conocer sitios, lugares, cosas… y no quedarnos anclados en nuestras limitaciones y tirar siempre “palante”, por nosotros y nuestras familias

Un saludo a todos.

Julio Luis Vázquez.

Silleando por la Vida: Próxima cita en el Matadero de Madrid

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“Que la comida sea tu alimento, y el alimento tu medicina”  (Hipócrates)

Hay cosas que no podemos cambiar, y creo que darse cuenta de ello es un buen principio para, o bien encontrar un poco de sosiego, o bien no perder ganas, fuerzas o ilusiones (que son bienes preciados y hay que preservarlos con esmero).

En muchas ocasiones, estando ya con el camino en marcha, aparece ELLA… la montaña que corta el camino, ese pedazo de estúpido y arbitrario conjunto de piedras y de tierra sin sentido que te impide continuar (o por lo menos te impide continuar como lo habías imaginado)

Pero… ¡ay del que intente mover una montaña con sus manos!… Se tienen las ganas, se buscan las fuerzas, incluso se cuenta con manos amigas que al grito de “¡1,2,3!” aúnan su energía en un mismo empuje… pero ELLA no se mueve, porque hay cosas que ni las manos más recias ni el corazón más noble pueden mover, y saber eso, en ocasiones nos salva.

Queda descartada la idea de empujarla (ni tomando carrerilla), pero no nos podemos quedar esperando… esperando nada.  ¿Y qué es lo primero que necesitaríamos en esa hipotética situación? ¿Qué buscaríamos primero para sobrevivir?… el alimento.

Comer nos hace fuertes. La comida es a la vida como el aire a los pulmones y la sangre a las venas. Comer es en ocasiones la palanca exacta que necesitamos, si no para mover la montaña, si para saltarla.

El alimento es la base de la supervivencia más básica, y es más que reconocido y probado que una correcta alimentación no sólo produce beneficios en la salud física, sino que es también, en buena medida, sustento del ánimo.

Volvamos a esa hipotética situación del camino cortado por la insufrible montaña. Empecemos a buscar comida (obtendremos fuerzas necesarias)… invitemos a esos amigos que también se rompieron las manos con nosotros en el intento (obtendremos más de lo que imaginamos)… y así, sin darnos cuenta, tal vez no hayamos movido la montaña, pero podamos encontrar más fácilmente un camino dentro de ella para atravesarla, o la rodearemos, más lentamente, pero descubriendo quien sabe que secretos.

Y como la comida forma parte de la vida, creo necesaria cuidarla, buscarla, seleccionarla y compartirla con esmero, y para ello Madrid cuenta con un sitio privilegiado, EL MATADERO

EL MATADERO

En 1911, en un Madrid en expansión, el arquitecto Luis Bellido comienza la construcción de un matadero, que incluía viviendas para el personal y capilla. Un ferrocarril unía  pabellones presididos por la “Casa del Reloj”.

Desde el  2006, el Ayuntamiento de Madrid empleó este espacio para la creación y la cultura. En sus programaciones podemos encontrar actividades culturales diversas que se desarrollan en sus distintas naves durante todo el año, y los últimos fines de semana del mes se celebra en los 5000 m2 de la Plaza, el Mercado de Productores de Madrid.(se recomienda mirar el programa, porque en primavera hay algunos cambios)

Al salir del ascensor del metro de Legazpi (linea 3), ya se ve la entrada principal del Matadero, aunque también podemos coger el Paseo de la Chopera, que nos llevará más directamente a la Plaza. Las dos entradas resultan algo incómodas por un empedrado que al principio es algo aterrador para los amortiguadores de las sillas eléctricas, y agotador para las manuales, pero superado este primer escollo llegamos a una lisa y pulida Plaza, que los días de mercado, encontraremos llena de puestos… y de gente (las horas de la comida las colas son tremendas, aunque cierto es que se mueven rápidamente).

Como anuncian los mismos organizadores, “En Madrid Productores, los madrileños podrán realizar su compra de agricultura ecológica o de cercanía, frutas, carnes de la Sierra de Guadarrama, verduras y hortalizas, aceite, pan de masa madre, mermeladas, ahumados, salazones, helados, quesos, chocolate, aceitunas, cervezas artesanales, embutidos, Ibéricos, bollería, licores, empanadas, croquetas, huevos, vermut, conservas, patatas fritas, hierbas aromáticas, setas, lácteos, dulces, vinos, carnes, miel, plantas y flores.”

Recomiendo ir con una buena bolsa si lo que se quiere es llevar productos frescos a casa, y aprovechar para comer y beber algunas de las exquisitas sugerencias que nos presentan. Para coger alguna de las mesas es imprescindible llegar a una hora temprana (entre las 12 y la 13), porque si no resultan un bien preciado y difícil de conseguir.

Y claro, no se puede olvidar la necesidad de un baño adaptado que encontraremos justo a la salida de la Plaza, en la nave 11.

Después de degustar y recopilar lo necesario, podemos dar un paseo por Madrid Río (perfectamente adaptado… ya hablaremos de ello) y nada más empezar el paseo encontramos una terraza totalmente adaptada (incluido el baño) para acabar el día con unas hermosas vistas coronadas por el río Manzanares.

En definitiva, creo que es un buen rellano en la montaña, un agradable camino que todos podemos seguir, y un buen lugar para ir sumando espacios en los que poder disfrutar de una vida que exige ser disfrutada.

Nos vemos en el matadero!!!

http://www.mataderomadrid.org

Silleando por la Vida con Cristina

 

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Madrid…

Más de 789 millones de páginas aparecen en Google sobre ella…  actividades, espacios, servicios, comercios, parques, museos, risas, tiempos, música, cine… que veraz parece resultar su slogan “de Madrid al cielo”  con tantas ofertas disponibles.

Si, de Madrid al cielo, pero como ya escribí una vez en no recuerdo que contexto, de Madrid al cielo con escaleras, y si no las puedes subir, prepárate para lo que venga.

Una de las cosas que más me llamó la atención cuando comencé a usar la silla de ruedas, fue contemplar como esta ciudad que hasta entonces tanto disfrutaba y admiraba se envolvió, de pronto, con un abrupto cristal. Atónita contemplé su transformación en un monstruoso escaparate que deja ver las ofertas, incluso oír las risas y oler las comidas y… y… … y nada más… siempre como un gran, hermético e inaccesible escaparate. Yo era la misma, el mismo nombre y la misma cara… sólo hubo un cambio, la silla, y eso hizo que la ciudad cambiara.

Dejé un tiempo de asistir a los cumpleaños de mis amigos (…la mayoría de los sitios eran inaccesibles…), dejé un tiempo de asistir a conciertos (…la mayoría de los locales eran inaccesibles), dejé un tiempo de comer con mi  familia (…no era fácil encontrar restaurantes accesibles) y dejé demasiado tiempo que esta ciudad me dejara al otro lado del escaparate con sus abruptas aceras, sus innombrables  escaleras, sus pequeñas puertas y sus imposibles rampas.

Así que en esta situación, a mi sólo se me ocurren tres posible opciones: 1. quedarse en casa, 2. enfadarse con el mundo, 3. buscar y luchar alternativas… yo me quedo con la tercera. Y por eso comienzo a escribir este espacio que agradezco me han ofrecido, y por eso espero que sea un espacio de todos y de todas.

Lo primero que da fuerza, es saber que hay opciones (si…como las brujas…”haberlas haylas”…)Existen lugares maravillosos y accesibles, espacios de ocio y cultura sin limitaciones ni condiciones… sólo hay que saber buscarlos y tener la suerte de encontrarlos. Y como reivindico que en cuestiones del tiempo no debería entrar el factor suerte, podemos crear desde aquí un espacio que nos señale, con un mínimo filtro, restaurantes, cines, cafeterías, tiendas, museos, conciertos, actividades…

No debemos olvidar nunca que todo lo que tenemos en nuestra vida, todo lo que consideramos normal, puede ser algo nuevo y ni siquiera imaginado por otra persona. Conocer un sitio donde hagan pollo con almendras y tenga una rampa accesible, entrar en el teatro, un lugar en la playa con sillas híbridas y baños accesibles, conciertos, volar en parapente, disfrutar de un bonito atardecer… Hay experiencias que no sólo deben servir para enriquecer nuestra vida, también deben ser compartidas para quien quiera o pueda aprovecharlas, y creo que, sólo así, lo que vivimos, nuestras propias vidas, se hacen de verdad grandes.

Y por eso este espacio no va a ser mío, va a ser de todo el que tenga algún sitio que recomendar, algún truco que contar o, simplemente, algo que decir. Yo iré escribiendo sobre lugares y actividades que he realizado, y también incluiré algunos de los “apaños” que a mi me están haciendo la vida más fácil, “más mejor”. Pero yo, sólo soy yo, así que este espacio se hará valioso sólo cuando el  “yo”  sea un “nosotros”, cuando sea” nuestro espacio”.

Porque además de, legítimamente, tener el derecho de disfrutar del propio tiempo con la tranquilidad y el sosiego necesario que dan las alternativas, creo que tenemos el deber de disfrutarlo, de salir a la calle, hacernos ver, recordar que estamos aquí, (siempre hemos estado)… y que nadie olvide que es por nosotros (los que somos, los que estamos), y es por los que puedan estar, y es, en definitiva, por todos.

Yo ya no paseo por las calles, yo silleo las calles, y silleando estoy aprendiendo a descubrir un nuevo Madrid que empieza a romper cristales, y desde aquí hago de mis palabras mi mazo para seguir rompiendo, y confío en que pronto sillear por la ciudad sea tan fácil como caminar por ella.

Gracias…

Hasta pronto…

Cristina