Mi viaje a Berlín, por Julio Luis Vázquez

Julio Luis Vázquez no cuenta su experiencia de viaje a Berlín. “Todavía hay que avanzar mucho para que una persona discapacitada con movilidad reducida, pueda viajar en unas condiciones dignas y sin sorpresas.”

El pasado 8 de Julio, inicie un viaje de 7 días por Berlín (Alemania). La preparación del viaje empezó un poco caótica. Antes de comprar los billetes de avión en la compañía Ryanair,  revisé su página web y en las instrucciones para viajar de las personas con movilidad reducida pone que pueden viajar con silla de ruedas eléctrica, facturándola y con pilas secas.  Así pues, compramos los billetes y al día siguiente recibimos un e-mail diciendo que tenemos que contestar o llamar a un número de teléfono 902, diciendo las características de la silla, marca, modelo, peso, medidas, si las baterías eran de litio que no excediesen de 300 vatios, etc… Además, indicaban que solo podía llevar 1 batería. Mi silla lleva tres baterías de litio, cada una de 240 vatios, por lo que empieza el primer problema: No puedo viajar con ella puesto que un una sola batería no tengo suficiente autonomía para un día completo. Aun así, llamé al 902 para decirlo, pero después de un tiempo considerable de espera en un teléfono 902, me derivan a una telefonista francesa, y después de explicarle el problema, me indica lo mismo, que sólo puedo llevar una batería. Así pues tuve que viajar con mi silla manual, con el consiguiente trastorno para toda la familia.

Llega la hora de reservar los asientos, al ser una persona con movilidad reducida (PMR), la compañía me deja reservar asiento a mí y a mi acompañante (previo pago de la reserva), pero se reserva el derecho de reasignarme el asiento el día del vuelo. Obviamente no realizo la reserva del asiento y nos asignan a mi acompañante la fila 14 y a mí la fila 30, os podéis imaginar la indignación. Puestos en contacto telefónicamente con la compañía, nos asignan nuevos asientos en la fila 5 y juntos.

Dentro del avión, dependes mucho de la tripulación, y aun siendo la misma compañía, la experiencia fue distinta.

A la ida un pasotismo total, fui el último en entrar en el avión,  en la primera fila había una persona dormida con los pies estirados que me impedía ponerme de pie para acceder a mi asiento y toda la tripulación lo estaba viendo sin hacer absolutamente nada, (hecho que solucioné con uno de mis bastones). Al llegar a Berlín fui el último en abandonar la aeronave y cuál fue mi sorpresa cuando vienen a por mí dos personas que me sientan en una silla adaptada, me ponen un montón de cinturones y me bajan por la escalerilla suspendido uno delante y otro detrás, con el consiguiente peligro de resbalarse.

Julio Luis Vazquez Mi viaje a Berlin

La vuelta fue diferente, fui el primero en embarcar, en una plataforma elevadora, la tripulación con ganas de colaborar y en todo momento pendiente. A la llegada a Barajas cerca de las 12 de la noche, de nuevo problemas: la manga de embarque/desembarque no funciona, o eso es lo que nos dijeron,  con lo que todo el mundo tiene que bajar por las escalerillas del final del aparato. En el avión viajábamos dos PMR y se tardó un tiempo considerable en bajarnos del avión con la gran sorpresa que nuestras sillas las habían sacado con el resto del equipaje a las cintas del aeropuerto. Aquí creció nuestra preocupación por el trato que podían haber recibido nuestros “vehículos”, gracias a Dios las encontramos sanas y salvas.

Con respecto a Berlín, puedo decir que es una ciudad cargada de historia, (triste la mayoría), muy llana para ir con silla de ruedas pero los rebajes de acera apenas existen, (los tienen mejores los carriles bici), y las aceras muchas de ellas son adoquinadas, con el consiguiente traqueteo para el usuario de una silla de ruedas.

Julio Luis Vazquez Mi viaje a Berlin 2

Pero bueno merece la pena conocer sitios, lugares, cosas… y no quedarnos anclados en nuestras limitaciones y tirar siempre “palante”, por nosotros y nuestras familias

Un saludo a todos.

Julio Luis Vázquez.

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