El ESTRÉS Y LAS ENFERMEDADES AUTOINMUNES: TERAPIAS COMPLEMENTARIAS.

Dra. Susana Muñoz Lasa.

Médico Rehabilitadora ADEMM

Como hemos ido viendo en otras entradas en este blog, hoy ya nadie duda que parece de vital importancia para nuestra salud el correcto funcionamiento de nuestro eje psico- neuro- inmuno- endocrino. Ya hemos visto como, a partir de la alimentación, podemos modificar el funcionamiento neuroinmune. Pero en este contexto, nos quedaba un factor principal que es el desencadenante de muchos de los episodios y exacerbaciones de las enfermedades autoinmunes: el estrés.

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Fuente de la imagen: https://pixabay.com/static/uploads/photo/2015/07/21/07/01/stress-853645_960_720.jpg

Todas las personas que padecen enfermedades autoinmunes o las familias o personal que trabajamos con ellos sabemos que muchos de los brotes de enfermedad aparecen cuando se atraviesa una situación de estrés. Más que un estrés puntual (por ejemplo, un pequeño incidente de tráfico), nos referiremos aquí a un estrés continuado. Así, nuestros pacientes de EM suelen ser bastante precisos en cuanto a que pudo desencadenar la aparición de su brote (estaba atravesando un divorcio; la enfermedad de mis padres; problemas de índole laboral…). Situaciones de estrés mantenido que, a través del sistema nervioso y el sistema endocrino, producen una secreción elevada de cortisol. La respuesta al estrés intenta facilitar al organismo una “huida” de la agresión. Por tanto, se activa todo lo que al animal le permita huir. Todas las actividades que no comporten un beneficio inmediato se aplazan.

Y este ajuste de supervivencia se realiza a través de la secreción de cortisol. Sin embargo, el cortisol, como bien sabemos, puede producir inmunosupresión. Entonces, podríamos pensar: pero esto, en realidad, ¿no beneficiaría a la enfermedad autoinmune? Todos sabemos que muchos brotes de enfermedades autoinmunes se tratan con cortisona. No, no es exactamente así. El cortisol precisamente, impediría la acción de los linfocitos mediadores en conflictos: los linfocitos T reguladores. La situación de estrés lo que haría sería disregular aún más el precario equilibrio inmune de estas enfermedades, afectando sobre todo a los linfocitos T reguladores e impidiendo que pudiesen poner orden en el caos autoinmune de sus compañeros, los Th1 y Th2. Produciría una  inmunosupresión generalizada e inespecífica, más perjudicial que beneficiosa. Con lo que, ante una situación de estrés, el brote autoinmune estaría servido. Se ha evaluado ya  el efecto del manejo del stress en algunas enfermedades autoinmunes como la diabetes tipo 1[1] observándose que las técnicas de relajación tienen un impacto positivo en el stress y el estilo de vida de padres con hijos con diabetes tipo 1. Así que quizá no sería disparatado ampliar la indicación de estas técnicas también  a los familiares de pacientes con enfermedades autoinmunes.

La medicina integrativa, que ya hemos visto que resulta muy eficaz en el campo de la oncología, tiene en el sistema inmune un campo de actuación muy importante. En un trabajo muy interesante publicado en la revista Clinical Review in Allergy & Immunology[2], los autores se cuestionan, en relación al uso de las terapias complementarias,  si, más que dudar de los efectos de estas técnicas milenarias que han demostrado su eficacia a lo largo de los siglos en antiguas culturas de Oriente próximo, África y China, el problema no sería  nuestra medicina occidental, que es incapaz de encontrar la forma de tratar integralmente a nuestros pacientes, y por ello los empuja a utilizarlas. La forma correcta de solucionar este problema sería integrar ambas terapias y buscar su mecanismo de acción. En este sentido, diversos estudios parecen indicar que el mecanismo de acción de muchas de ellas  sería a través del sistema inmune, modificando el balance Th1/Th2 en ambas direcciones a través de los linfocitos T reguladores, y por tanto, siendo de potencial aplicación todas aquellas enfermedades relacionadas con el sistema inmunitario.

Volviendo entonces a nuestro problema,  ¿Cómo manejamos entonces el estrés?  Pues en este contexto, todas aquellas terapias complementarias que ayuden a bajar nuestro nivel de estrés serán beneficiosas, ya que disminuirán la posibilidad de que se produzcan brotes y exacerbaciones de la enfermedad, y en caso de que se produzcan, su disminución ayudaría a modular su gravedad y su duración. Pueden actuar también sobre la depresión y la ansiedad que suelen acompañarlas. Muchas además serán excelentes terapias físicas para las discapacidades que la enfermedad pueda ir produciendo. No tienen efectos secundarios y si se buscan profesionales serios y comprometidos, tampoco tienen por qué tener un coste elevado. Los efectos clínicos son evidentes. No existe ninguna razón para, al menos, no probarlas. En ningún momento, y esto que quede claro, para sustituir a los tratamientos prescritos por vuestros médicos, sino como una terapia complementaria a ellos que puede aportar numerosos beneficios.

Hoy día, la corriente “mind-body medicine” (medicina cuerpo mente) va poco a poco ganando adeptos y mostrando eficacia[3],[4]. En este proceso de integración de la medicina convencional y la medicina complementaria son pioneros hospitales dedicados al tratamiento del cáncer como el MD Anderson Cáncer Center o el Memorial Sloan Kettering Cáncer Center, a través de la oncología integrativa, que busca combinar la oncología convencional con las prácticas de medicina complementaria que han demostrado ser eficaces, para aportar al enfermo una atención y un tratamiento más completo. Pues sería lógico y deseable exportar esta visión integrativa a toda la práctica médica, y muy especialmente, a las enfermedades autoinmunes.

Yoga, Reiki, Musicoterapia, Chi Kung, Tai Chi, Acupuntura, Shiatsu, Meditación, Mindfulness, Intervenciones asistidas con animales, Shinrin-Yoku (literalmente, Baño del Bosque o Terapia del Bosque)….. Como decía san Pablo en su carta a los Tesalonicenses: “Probadlo todo y quedaos con lo mejor”.

[1] Tsiouli EPavlopoulos VAlexopoulos ECChrousos GDarviri C. Short-term impact of a stress management and health promotion program on perceived stress, parental stress, health locus of control, and cortisol levels in parents of children and adolescents with diabetes type 1: a pilot randomized controlled trial. Explore (NY). 2014 Mar-Apr;10(2):88-98.

[2] Chang CGershwin ME. Integrative medicine in allergy and immunology. Clin Rev Allergy Immunol. 2013 Jun;44(3):208-28.

[3] Senders et al. Mind-body medicine for multiple sclerosis: a systematic review. Autoimmune dis. 2012;2012:567324. doi: 10.1155/2012/567324. epub 20 12 nov 22.

[4] Astin JA, Shapiro Sl, Eisenberg DM, Forys KL. Mind-body Medicine: State of the Science, Implications for Practice. JABFP 2003.16(2):13147.

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