¿Cuándo demandar valoración de las capacidades cognitivas?

Rosa Sánchez.

Servicio Neuropsicología ADEMM.

Cuando hablamos sobre Esclerosis Múltiple (EM), con frecuencia pensamos en las consecuencias físicas de la enfermedad dejando en un plano secundario las secuelas que tienen que ver con alteraciones cognitivas y/o emocionales, sin embargo, en la primera descripción sobre la enfermedad que hizo Charcot se reconoció la existencia de este tipo de síntomas. Aun así, fue necesario que pasara un siglo para reconocer un perfil cognitivo de personas afectadas de EM.

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Es desde la Neuropsicología como rama de la psicología que estudia el Sistema Nervioso Central y su impacto sobre la conducta, la que se revela como disciplina encargada de establecer las relaciones entre el cerebro y el comportamiento de una persona. Se trata de establecer correlaciones entre las funciones cognitivas (memoria, atención, percepción, procesamiento de la información, funciones ejecutivas… etc…), las conductas y la estructura cerebral. Respecto a la EM, parece razonable asumir que tanto la desmielinización como la pérdida axonal en los hemisferios cerebrales contribuyen a la aparición de alteraciones cognitivas que causan enlentecimiento, interrupción y bloqueos de los impulsos nerviosos en las conexiones entre áreas asociativas corticales (horizontal) y entre las estructuras corticales y subcorticales (vertical).

Las personas llegan a solicitar valoración específica tras observar ellas mismas o su entorno más cercano, dificultades en el funcionamiento cotidiano que se traducen en frases como las que siguen:

“Se me olvidan las cosas, más allá de olvidos puntuales”; “me cuesta seguir el ritmo de una conversación, sobre todo si hay más de dos o tres personas participando en ella”; “a veces en mi mente sé lo que quiero decir pero me siento incapaz de trasladar estas ideas en el orden necesario para que se convierta en palabras y estas a su vez en un discurso comprensible”; veo una película y cuando trato de contar el argumento de la misma se me hace algo complicado”; “toda la vida he cocinado o he realizado esta tarea y ahora cuando trato de hacerla me hago un lío con el orden de las cosas”, “se me olvidan palabras concretas en mi discurso”, “es como si mi mente estuviera ralentizada”…

Con frecuencia estas primeras sensaciones son un síntoma de alarma que precipita la Valoración Cognitiva. A partir de estos datos, será necesario medir el funcionamiento de dichas capacidades, recoger datos sobre su vida cotidiana y su historia personal, formación, experiencia laboral e intereses de ocio y tiempo libre. Igualmente se evaluará su respuesta emocional ante el impacto de la enfermedad y otros sucesos vitales difíciles así como las dificultades cotidianas.

Que se determine o no la existencia de perfil de afectación no ha de ser visto como algo terrible pues reconociendo que el miedo a obtener esta información es lícito, lo terrible será no identificar estos aspectos con la finalidad de poner solución o compensar capacidades que se han ido o se van perdiendo.

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